viernes, 24 de agosto de 2012

Pussy Riot Video Iglesia

Pussy Riot (Texto Canción radialistas)

María Aliójina, Yekaterina Samutsévich y Nadia Tolokónnikova, tres jóvenes rusas punkeras, han sido condenadas a dos años de cárcel. ¿Su delito? Haberse colado en la catedral de Cristo Redentor, en Moscú, con pasamontañas de colores y ponerse a cantar una canción irreverente. Una canción donde le piden a la Virgen María dos cosas: que se haga feminista y que expulse a Vladimir Putin del poder.

Las tres audaces integrantes del grupo Pussy Riot han recibido un apoyo masivo a través de las redes sociales. Madonna pidió su liberación en su concierto moscovita. Paul McCartney las defiende desde su página web. Sting, Bjork y otras figuras del espectáculo hacen otro tanto. Hasta el campeón mundial de ajedrez Gari Kaspárov, en una manifestación a favor de las punkeras, declaró que la sentencia no sólo muestra la naturaleza represiva del régimen de Putin, sino desenmascara a la Iglesia Ortodoxa Rusa como “una sección del KGB”.

Mierntras la jueza Marina Sirova las hallaba culpables de "gamberrismo motivado por odio religioso", en la calle los manifestantes gritaban “¡Vergüenza!” y “¡Libertad para las Pussy Riot!”

¿Quieres oír la canción prohibida? Mira el video aquí

Esta es la letra de las punkeras:


Virgen María, Madre de Dios, ¡echa a Putin!
¡Echa a Putin!, ¡Echa a Putin!

Negra sotana, hombreras doradas
Todos los feligreses se arrastran para hacer reverencias
El fantasma de la libertad está en el cielo
El orgullo gay se envía encadenado a Siberia
El líder del KGB, vuestra más alta Santidad
Envía y escolta a los manifestantes a prisión.
Para no ofender a Su Santidad
Las mujeres deben parir y amar
Virgen María, Madre de Dios, ¡hazte feminista!
¡Hazte feminista! ¡Hazte feminista!

Alabanza de la Iglesia a dictadores podridos
El víacrucis de limusinas negras.
Un profesor-predicador te recibe en la escuela.
¡Ve a clase, llévale dinero!
El patriarca Gundyaev cree en Putin
Mejor debería, perro, creer en Dios
El cinturón de la virgen no impide las manifestaciones
¡La virgen María está con nosotros en las protestas!

Virgen María, Madre de Dios, ¡echa a Putin!
¡Echa a Putin! ¡Echa a Putin!



Se equivocaron las Pussy Riot sólo en una cosa. María, la mamá de Jesús de Nazaret, no tiene que hacerse feminista. Siempre lo fue. Y si hubiera escuchado esta canción, estaría aplaudiendo y pidiendo la libertad para las tres valientes jóvenes rusas.
Radialistas 

viernes, 27 de julio de 2012

Las Corporaciones se toman la "comida orgánica"


Son las armas, pero no sólo las armas

Michael Moore

Amigos:Desde que Caín enloqueció y mató a Abel, siempre ha habido humanos que por una razón u otra pierden la cabeza en forma temporal o definitiva y cometen indecibles actos de violencia. Durante el primer siglo de nuestra era, el emperador romano Tiberio gozaba despeñando a sus víctimas desde un risco en la isla de Capri, en el Mediterráneo. Gilles de Rais, caballero francés aliado de Juana de Arco en la Edad Media, se volvió loco un día y acabó asesinando a cientos de niños. Apenas unas décadas después Vlad el Empalador, en Transilvania, tenía innumerables modos horripilantes de acabar con sus víctimas; en él se inspiró el personaje de Drácula.
En tiempos modernos, casi en toda nación hay un sicópata o dos que cometen homicidios en masa, por estrictas que sean sus leyes en materia de armas: el demente supremacista blanco cuyos atentados en Noruega cumplieron un año este domingo; el carnicero del patio escolar en Dunblane, Escocia; el asesino de la Escuela Politécnica de Montreal, el aniquilador en masa de Erfurt, Alemania… la lista parece interminable. Y ahora el tirador de Aurora, el viernes pasado. Siempre ha habido orates y siempre los habrá.
Pero he aquí la diferencia entre el resto del mundo y nosotros: ¡aquí ocurren DOS Auroras cada día de cada año! Por lo menos 24 estadunidenses mueren cada día (de 8 a 9 mil por año) a manos de gente armada, y esa cifra no incluye los que pierden la vida en accidentes con armas de fuego o los que se suicidan con una. Si los contáramos, la cifra se triplicaría a unos 25 mil.
Eso significa que Estados Unidos es responsable de más de 80 por ciento de todas las muertes por armas de fuego en los 23 países más ricos del mundo combinados. Considerando que las personas de esos países, como seres humanos, no son mejores o peores que cualquiera de nosotros, entonces, ¿por qué nosotros?
Tanto conservadores como liberales en Estados Unidos operan con creencias firmes con respecto al “porqué” de este problema. Y la razón por la cual ni unos ni otros pueden encontrar una solución es porque, de hecho, cada uno tiene la mitad de la razón.
La derecha cree que los fundadores de esta nación, por alguna suerte de decreto divino, les garantizaron el derecho absoluto a poseer tantas armas de fuego como deseen. Y nos recuerdan sin cesar que un arma no puede dispararse sola; que “no son las armas, sino las personas, las que matan”.
Por supuesto, saben que están cometiendo una deshonestidad intelectual (si es que puedo usar esa palabra) al sostener tal cosa acerca de la Segunda Enmienda porque saben que las personas que escribieron la Constitución únicamente querían asegurarse de que se pudiera convocar con rapidez una milicia entre granjeros y comerciantes en caso de que los británicos decidieran regresar a sembrar un poco de caos.
Pero tienen la mitad de la razón cuando afirman que “las armas no matan: los estadunidenses matan”. Porque somos los únicos en el primer mundo que cometemos crímenes en masa. Y escuchamos a estadunidenses de toda condición aducir toda clase de razones para no tener que lidiar con lo que está detrás de todas esas matanzas y actos de violencia.
Unos culpan a las películas y videojuegos violentos. La última vez que revisé, las cintas y videojuegos de Japón son más violentos que los nuestros, y sin embargo menos de 20 personas al año mueren por armas de fuego allá, ¡y en 2006 el total fue de dos! Otros dirán que es el número de hogares destrozados lo que causa tantas muertes. Detesto darles esta noticia, pero en Gran Bretaña hay casi tantos hogares de un solo padre como acá, y sin embargo, por lo común allá los crímenes con arma de fuego son menos de 40 al año.
Personas como yo dirán que todo esto es resultado de tener una historia y una cultura de hombres armados, “indios y vaqueros”, “dispara ahora y pregunta después”. Y si bien es cierto que el genocidio de indígenas americanos sentó un modelo bastante feo de fundar una nación, me parece más seguro decir que no somos los únicos con un pasado violento o una marca genocida.
¡Hola, Alemania! Hablo de ti y de tu historia, desde los hunos hasta los nazis, todos los cuales amaban una buena carnicería (al igual que los japoneses, y los británicos que dominaron el mundo cientos de años, cosa que no lograron plantando margaritas). Y sin embargo en Alemania, nación de 80 millones de habitantes, se cometen apenas unos 200 asesinatos con armas de fuego al año.
Así que esos países (y muchos otros) son iguales que nosotros, excepto que aquí más personas creen en Dios y van a la iglesia que en cualquier otra nación occidental.
Mis compatriotas liberales dirán que si tuviéramos menos armas de fuego habría menos muertes por esa causa. Y, en términos matemáticos, sería cierto. Si tenemos menos arsénico en la reserva de agua, matará menos gente. Menos de cualquier cosa mala –calorías, tabaco, reality shows– significará menos muertes. Y si tuviéramos leyes estrictas en materia de armas, que prohibieran las armas automáticas y semiautomáticas y proscribieran la venta de grandes magazines capaces de portar millones de balas, tiradores como el de Aurora no podrían dar muerte a tantas personas en unos cuantos minutos.
Pero también en eso hay un problema. Existen montones de armas en Canadá (la mayoría rifles de caza), y sin embargo la cuenta de homicidios es de unos 200 al año. De hecho, por su proximidad, la cultura canadiense es muy similar a la nuestra: los chicos tienen los mismos videojuegos, ven las mismas películas y programas de televisión, y sin embargo no crecen con el deseo de matarse unos a otros. Suiza ocupa el tercer lugar mundial en posesión de armas por persona, pero su tasa de criminalidad es baja.
Entonces, ¿por qué nosotros? Formulé esa pregunta hace una década en mi película Masacre en Columbine, y esta semana tuve poco que decir porque me parecía haber dicho hace 10 años lo que tenía que decir, y no parece haber servido de mucho, excepto ser una especie de bola de cristal en forma de película.
Esto es lo que dije entonces y lo que volveré a decir hoy:
1. Los estadunidenses somos increíblemente buenos para matar. Creemos en matar como forma de conseguir nuestros objetivos. Tres cuartas partes de nuestros estados ejecutan criminales, pese a que los estados que tienen las tasas más bajas de homicidios son por lo regular los que no aplican la pena de muerte.
Nuestra tendencia a matar no es sólo histórica (el asesinato de indios, de esclavos y de unos a otros en una guerra “civil”): es nuestra forma actual de resolver cualquier cosa que nos inspira temor. Es la invasión como política exterior. Sí, allí están Irak y Afganistán, pero hemos sido invasores desde que “conquistamos el salvaje oeste” y ahora estamos tan enganchados que ya no sabemos qué invadir (Bin Laden no se ocultaba en Afganistán, sino en Pakistán) ni por qué invadir (Saddam no tenía armas de destrucción masiva ni nada que ver con el 11-S). Enviamos a nuestras clases bajas a hacer las matanzas, y los que no tenemos un ser querido allá no gastamos un solo minuto de un solo día determinado en pensar en la carnicería. Y ahora enviamos aviones sin pilotos a matar, aviones controlados por hombres sin rostro en un lujoso estudio con aire acondicionado en un suburbio de Las Vegas. Es la locura.
2. Somos un pueblo que se asusta con facilidad y es fácil manipularnos con el miedo. ¿De qué tenemos tanto miedo que necesitamos tener 300 millones de armas de fuego en nuestros hogares? ¿Quién creemos que va a lastimarnos? ¿Por qué la mayoría de esas armas están en hogares de blancos, en los suburbios y en el campo? Tal vez si resolviéramos nuestro problema racial y nuestro problema de pobreza (una vez más, número uno en el mundo industrializado) habría menos personas frustradas, atemorizadas y encolerizadas extendiendo la mano hacia el arma que guardan en el cajón. Tal vez nos cuidaríamos más unos a otros (he aquí un buen ejemplo de esto).
Eso es lo que pienso acerca de Aurora y del violento país del cual soy ciudadano. Como mencioné, lo dije todo en esa cinta y si gustan pueden verla aquí y compartirla sin costo con otros. Y lo que nos hace falta, amigos míos, es el valor y la determinación. Si ustedes están listos, yo también.
Traducción: Jorge Anaya

sábado, 21 de julio de 2012

Historia del cambio

¿Nos dice algo esta ola de calor?




Durante la pasada década he publicado más de 500 columnas. Pero ninguna ha tenido tanta reacción como la del 15 de marzo, titulada “Los Políticos Tocan el Violín Mientras la Tierra Arde”, en la que me lamentaba de que el Congreso no hacía nada acerca del calentamiento global. Es evidente que los norteamericanos comienzan a preocuparse por la supervivencia de nuestro planeta y la indiferencia de nuestros líderes electos.
Bueno, ¿a que no adivinan? Desde entonces el asunto ha empeorado. Y los políticos siguen sin  hacer nada. No tengo que decirles el calor que hace. Todos lo sufrimos.
Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), en la semana del 4 de julio se rompieron más de 3 000 records de temperatura. Un análisis del Instituto Goddard para Estudios espaciales de la NASA muestra que “Las temperaturas de la superficie global en 2010 se igualaron a las de 2005 como las más cálidas hasta ahora”. Y el 2011 actualmente es el décima año más cálido de todos los tiempos, y parece que 2012 superará ese récord. Ya desde enero a junio de 2012 ha sido designado como el período  semestral más cálido de la historia. Y la Organización Meteorológica Mundial informa que los 13 años más cálidos han ocurrido en los 15 años entre 1977 y 2011”.
Y ese calor extremo ha tenido sus consecuencias. La evidencia se  encuentra alrededor de nosotros. Casi 56 por ciento del Estados Unidos contiguo experimenta una sequía de moderada a extrema, según el Monitor de Sequía de EE.UU. Vean los devastadores incendios en Colorado, Nuevo México y Arizona. Las cosechas también arden. Las perspectivas de la cosecha de maíz son desalentadoras y el precio del maíz ha subido durante el último mes –lo que significa mayores precios en el supermercado para la carne, pollo y productos lácteos, todos dependientes del maíz para su alimentación.
Si no nos quemamos, posiblemente nos ahoguemos. Los científicos informan que los glaciales de Groenlandia se derriten a un ritmo de 30 por ciento más rápido que hace una década, aunque no al ritmo mayor que los científicos predijeron hace un tiempo. De todas maneras sentimos el impacto. El Servicio de Agrimensura de EE.UU. (USGS) advierte que el nivel del mar en la costa atlántica está subiendo 3 a 4 veces más rápidamente que la tasa global.
“Desde aproximadamente 1990, el nivel del mar en la franja costera de 600 millas”, informa el USGS, “ha aumentado de 2 a 3,7 milímetros al año; el incremento global durante el mismo período fue de 0,6 a 1,0 milímetro por año”. Compárese con Norfolk, Virginia, enfrentado a un nivel mayor de 4,8 pulgadas. Filadelfia ha experimentado un crecimiento en el nivel del mar de 3,7 pulgadas y Nueva York 2,8 pulgadas. A este ritmo, pronostica el USGS, las aguas de la costa del Atlántico habrán subido de 1 a 11 pulgadas para el 2100 –lo que significa que porciones significativas de Miami, Norfolk, Filadelfia, Nueva York y Boston estarán bajo el agua.
¿Tiene algo que ver todo esto con el calentamiento global? No, si ustedes creen en los medios. En un estudio de la cobertura de los incendios arrasadores en el Oeste por parte de los medios, entre el 1 de abril y el 30 de junio de 2012, Media Matters encontró un sorprendente silencio acerca del tema del cambio climático. Solo 6 por ciento de todas las noticias impresas mencionaban una posible relación con el calentamiento global. Y solo 1,6 por ciento de todas las noticias en espacios noticiosos de la TV.
Repito, ¿tienen  algo que ver estas temperaturas extremas con el calentamiento global? Sí –de creer en los científicos. Por primera vez, un informe gubernamental dado a la publicidad esta semana por NOAA afirma que existe una relación entre las actuales graves condiciones del tiempo y el calentamiento global provocado por gases con efecto invernadero emitidos por el hombre. Los climatólogos tuvieron mucho cuidado en no culpar al calentamiento global por cada tormenta severa o condición extrema del tiempo, pero sí llegaron a la conclusión de que la sequía récord en Texas de este año tuvo 20 veces más posibilidades de suceder debido al calentamiento global.
La relación entre el calentamiento global y las altas temperaturas récord es clara, dice
Thomas Karl, director del Centro de Datos Climáticos de NOAA. Es como un jugador de béisbol que usa esteroides; aumenta la posibilidad de que saque la pelota del parque de un jonrón. Y eso es lo que vemos. El aumento en la atmósfera de los gases con efecto invernadero provoca temperaturas globales superiores”.
Esta vez ya los medios no pudieron ignorar el asunto. Noticias ABC lo inició con el reportaje de Diane Sawyer: “Planeta caliente. El mundo se está calentando. Y por primera vez, un informe apoyado por el gobierno de EE.UU. vincula ese calor agobiante y esas épicas tormentas con el calentamiento global producido por el hombre”. Lo significativo  del hecho fue señalado rápidamente por Sam Champion, el editor climático de Noticias ABC: “Si quieres saber mi opinión, Diane, ahora es el momento de comenzar a limitar los gases de invernadero producidos por el hombre”.
Ciertamente ahora es el momento, En vez de los 33 votos para rechazar la Ley de Atención Asequible, quizás el Congreso debiera encontrar tiempo para realizar una sola votación –acerca del calentamiento global.